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Vitamina D3 y K2 MK-7: una combinación clave para la salud integrativa

Comprender la relación entre ambas nos ayuda a entender por qué una nutrición equilibrada no depende únicamente de aportar nutrientes, sino también de cómo interactúan entre sí dentro del organismo.

La vitamina D es uno de los nutrientes más estudiados en los últimos años. Aunque tradicionalmente se ha relacionado con la salud ósea, hoy sabemos que participa en múltiples funciones del organismo y desempeña un papel fundamental en el mantenimiento del bienestar general.


Sin embargo, existe otra vitamina menos conocida que trabaja estrechamente junto a ella: la vitamina K2. Comprender la relación entre ambas nos ayuda a entender por qué una nutrición equilibrada no depende únicamente de aportar nutrientes, sino también de cómo interactúan entre sí dentro del organismo.


La vitamina D: 
mucho más que la vitamina del sol

La vitamina D es una vitamina liposoluble que nuestro cuerpo puede producir gracias a la exposición solar. También está presente, aunque en cantidades más limitadas, en algunos alimentos como los pescados grasos, la yema de huevo o los alimentos enriquecidos.


Su función más conocida es favorecer la absorción del calcio y del fósforo, dos minerales esenciales para la salud ósea. Sin embargo, la presencia de receptores de vitamina D en numerosos tejidos indica que su papel va mucho más allá.


Entre sus funciones más importantes destacan:

  • Contribuir al mantenimiento de los huesos y músculos.
  • Participar en el funcionamiento normal del sistema inmunitario.
  • Intervenir en procesos de división celular.
  • Ayudar a mantener el equilibrio de diferentes funciones fisiológicas.

¿Cuál es el nivel óptimo de vitamina D?


La forma más habitual de evaluar el estado de vitamina D es mediante la medición de la 25-hidroxivitamina D [25(OH)D] en sangre.


En la mayoría de los laboratorios, los valores considerados normales suelen situarse entre 30 y 100 ng/mL. Sin embargo, estos rangos se establecieron principalmente en relación con la salud ósea y el metabolismo del calcio.


En los últimos años, diversos estudios han puesto de manifiesto la importancia de la vitamina D en el funcionamiento del sistema inmunitario. Por ello, numerosos profesionales que trabajan desde una perspectiva integrativa consideran interesante mantener niveles por encima de 50 ng/mL, especialmente cuando se busca actuar sobre la función inmunitaria y ayudar a mantener un estado de salud óptimo.


Aunque este objetivo no forma parte de todas las guías clínicas oficiales, representa un rango frecuentemente utilizado en la práctica clínica integrativa y respaldado por una parte creciente de la literatura científica.

¿Por qué podemos tener niveles bajos de vitamina D?


A pesar de vivir en países con abundantes horas de sol, los niveles insuficientes de vitamina D son más frecuentes de lo que cabría esperar.


Algunos factores que pueden influir son:

  • Pasar gran parte del tiempo en espacios interiores.
  • La escasa exposición solar o el uso constante de protección solar.
  • El envejecimiento, que reduce la capacidad de síntesis cutánea.
  • Alteraciones digestivas que dificultan la absorción de grasas.
  • Determinadas situaciones fisiológicas o metabólicas que aumentan las necesidades individuales.

La importancia del magnesio y el hierro

Un aspecto poco conocido es que la vitamina D obtenida del sol o de la suplementación no se encuentra inicialmente en su forma activa. ​


Para poder ejercer sus funciones, debe pasar por diferentes procesos de transformación que tienen lugar principalmente en el hígado y los riñones. En estas reacciones intervienen enzimas que necesitan la presencia de nutrientes como el magnesio y el hierro para funcionar correctamente.


Por este motivo, niveles insuficientes de estos minerales pueden dificultar la correcta activación y utilización de la vitamina D, incluso cuando la exposición solar o la suplementación son adecuadas.


Además, alteraciones de la función hepática o renal pueden afectar a estos procesos de conversión y limitar la disponibilidad de vitamina D activa para el organismo.


Desde una visión integrativa, esto nos recuerda que la salud no depende de un único nutriente, sino del equilibrio y la interacción entre múltiples sistemas.


La vitamina K2 MK-7: 
la compañera ideal de la vitamina D

La vitamina K es otra vitamina liposoluble esencial para el organismo. Aunque existen diferentes formas, la más interesante desde el punto de vista de la suplementación es la vitamina K2 en forma MK-7 (menaquinona-7).


Esta forma destaca por su elevada biodisponibilidad y por permanecer activa en el organismo durante más tiempo que otras variantes de vitamina K. ​


La vitamina K contribuye al mantenimiento normal de los huesos y participa en la activación de proteínas implicadas en la correcta utilización del calcio. Aquí es donde aparece su estrecha relación con la vitamina D.


Mientras la vitamina D favorece la absorción y disponibilidad del calcio, la vitamina K participa en los mecanismos que ayudan a que este mineral sea utilizado adecuadamente por el organismo.


Por este motivo, cada vez más expertos consideran que ambas vitaminas constituyen una combinación especialmente interesante dentro de una estrategia nutricional orientada al mantenimiento de la salud ósea, muscular y metabólica.


La calidad de la formulación también importa

Cuando hablamos de suplementación, solemos fijarnos en la dosis de los ingredientes. Sin embargo, la calidad de una formulación depende de muchos más factores.


La vitamina D es una molécula sensible a elementos como la luz, el oxígeno y el calor. Si no se protege adecuadamente, su estabilidad puede verse comprometida con el tiempo.


Por ello, las formulaciones más avanzadas incorporan sistemas antioxidantes y tecnologías específicas destinadas a preservar la integridad de los ingredientes activos durante toda la vida útil del producto.


Este aspecto, a menudo desconocido por el consumidor, representa una de las diferencias más importantes entre una formulación convencional y una formulación diseñada con criterios de calidad y eficacia.


Una visión integrativa de la salud



La investigación actual nos muestra que los nutrientes no actúan de forma aislada. La vitamina D necesita ser activada correctamente por el organismo, depende de la disponibilidad de determinados minerales y trabaja en estrecha colaboración con la vitamina K2 para desarrollar parte de sus funciones.


Por ello, cuando hablamos de bienestar y mantenimiento de la salud, resulta fundamental adoptar una visión global que contemple la alimentación, la exposición solar responsable, el ejercicio físico, el descanso y una nutrición personalizada.


La combinación de vitamina D3 y vitamina K2 MK-7 representa un excelente ejemplo de esta filosofía: dos nutrientes que trabajan en equipo para apoyar funciones esenciales del organismo y contribuir al mantenimiento de una salud equilibrada a largo plazo.



Nota: Los complementos alimenticios no deben utilizarse como sustitutos de una dieta variada y equilibrada ni de un estilo de vida saludable. Ante cualquier condición médica o tratamiento farmacológico, especialmente si se toman anticoagulantes, es recomendable consultar con un profesional sanitario antes de iniciar la suplementación con vitamina K.

 


 

 

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