¿Cómo realizar un acompañamiento digestivo y hepático correcto?

La digestión comienza en la boca y termina muchas horas después, pasando por órganos que trabajan sin que lo notemos.

Cuidar la digestión significa cuidar un recorrido entero. Arriba está el estómago, donde el equilibrio ácido hace la diferencia entre una comida cómoda y una sensación de pesadez. Luego viene el intestino, donde la mucosa decide qué entra en el cuerpo y qué no. En el colon, la microbiota marca el ritmo y la calidad de lo que eliminamos. Y en paralelo, el hígado procesa todo lo que llega por el torrente sanguíneo. Por eso, se necesitan fórmulas pensadas para cada tramo.

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Todo lo que quieres saber sobre tus digestiones

Tiene unos 500 millones de neuronas, más que la médula espinal, y se comunica con el cerebro por el nervio vago. No es casualidad que sentimos los nervios «en la barriga»: el eje intestino-cerebro es real.

Es una resina que se cultiva sólo en esta isla griega desde hace más de 2.500 años, siendo la única con Denominación de Origen Protegida de Europa. Hipócrates y Galeno ya la describían para el confort digestivo.

Porque es de los pocos hepatoprotectores con evidencia clínica reconocida. Su compuesto principal, la silimarina, ya se utilizaba en la antigua Grecia frente a intoxicaciones, y sigue siendo una referencia hoy.

Es un ácido graso que tu propia microbiota fabrica en el colon a partir de la fibra. Es la «comida favorita» de las células de la pared del colon: si baja, la mucosa puede resentirse.

Porque es el aminoácido preferido de las células de la pared intestinal, que se renuevan cada 3-5 días.

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